Yo no lo escribí

Pucha, lo siento, no quería que leyeras esto…

MDII Verbum – María

con un comentario

No importaba el día ni la hora, siempre había ardillas.

No importaba el día ni la hora, siempre había ardillas.

María sueña que un día él llegaría a buscarla. Abraza su chiquito osito de peluche y mira por la ventana la lluvia caer. Siempre llueve en Vancouver. Le carga. No recuerda mucho de su hogar, pero está segura de que no llovía tanto como en Vancouver. En ningún lugar podía llover tanto como en Vancouver.

María sueña que un día él llegaría a buscarla. Abraza su chiquito osito de peluche y mira por la ventana a las ardillas correr entre los árboles. No importaba el día ni la hora, siempre había ardillas. Eso le gustaba. Pero no le gustaba que su mamá le dijera que no eran nada más que unas lauchas un poco más peludas. María no era tonta, y conocía lo que era una laucha. Las había visto correr debajo de su casa, allá en su hogar, allá lejos, donde no llueve tanto como en Vancouver.

María sueña que un día él llegaría a buscarla y se la llevaría a ella y a su chiquito osito de peluche a una ciudad donde no llueve nunca y hay muchas ardillas, ninguna laucha, y ella estaría contenta. No como acá, que le carga porque llueve todo el día y a su mamá no le gustan las ardillas.

A María no le gusta su mamá, por eso lo espera a él. No sabe cómo es, nunca lo ha visto, pero está segura de que cuando llegue a buscarla lo va a reconocer. ¡Cómo no, si se lo ha imaginado tantas veces! A veces lo imagina como un caballero con bigote, vestido de traje y todo eso. A veces se lo imagina como un vaquero, como el señor Wayne que a su abuelo le gusta tanto. “A mí que se parece a Frank Sinatra, porque mi mami lo escucha”, se dice. Cuando su mami escucha a Sinatra son las únicas veces que María le dice mami. “Me gusta cuando mi mami canta esa canción de volar en la luna, por eso estoy segura de que él se parece a Sinatra… Tal vez cuando él llegue a buscarme va a venir cantando esa canción, y entonces a mi mami le gustarán las ardillas y entonces a mi me gustará siempre ella, y entonces podrá venir conmigo y el osito”, se decía María mientras miraba por la ventana, “Pero si mientras estamos en donde no llueve deja de ser mi mami y se hace mi mamá… ¡Se va, él la echa!”.

María se pregunta por qué su mamá no es su mami siempre… ¿Por qué es esas dos personas? Antes le daba rabia, pero con el paso del tiempo, cuando se dio cuenta que se fueron siempre de su casa y hogar allá lejos, ella se hizo de la idea de que él llegaría a buscarla y se acabaría la lluvia, y se acabaría su mamá y todo eso que ahora le carga y le da rabia.

María está demasiado ocupada soñando y mirando por la ventana como para escuchar el arrastrar de los pies que produce una pequeña anciana al subir por la escalera de la casa en dirección a la pieza de su nietecita.

- María, mi niña, ¿Qué está haciendo?

María da un brinco de susto, y su chiquito peluche sale disparado por la ventana hacia la lluvia de Vancouver, asustando a las ardillas que ahora le lanzan una mirada nerviosa y enojada a María. Pero María no se da cuenta de eso, porque les da la espalda mientras mira a su Mamina, la que se ríe de la sorpresa de su nieta, al tiempo que suelta un “Ohhhh” al ver al peluche salir disparado por la ventana del segundo piso.

- Pero mi niña, eso le pasa por andar paveando. No ve que está lloviendo afuera, Osito Chiquito se va a ensuciar y vamos a tener que lavarlo de nuevo. A tu mamá no le va a gustar nada eso, cabrita…

María le lanza a su Mamina la misma mirada que las ardillas recién le lanzaron a ella. Sabe que su mamá se va a enojar y que la van a retar y que todo es culpa de su Mamina y no de ella, pero claro, ¿Cómo su mamá va retar a su Mamina? Es como si María castigara a su mamá, idea que cuando se la imagina, le hace soltar una risotada.

- Ya, esa cara me gusta más que la primera si me dejas elegir, cabrita. La comida está servida, por si no escuchaste cuando te llamé. ¿Le parece a la princesita si bajamos a comer antes de que se enfríe? Tu abuelo ya está sentado y te está esperando para empezar… Y ponte tus botas de agua, que tienes que ir a buscar a Osito Chiquito antes de que se resfríe.

- Bueno – Es lo único que María dice.

María camina al closet a buscar las botas, y escucha a Mamina bajar por la escalera. Claro, ahora para más remate va a tener que salir a mojarse. ¡Y con lo que le carga la lluvia! Claro, todo por culpa de su Mamina y de su mamá (como no, si estaba pensando en ella cuando la abuela la asustó). Pero todo iba a cambiar cuando él–

Ding Dong…

“¡El timbre!”, grita María excitada, “¡Es él!”, agrega mientras corre con una bota puesta y la otra en la mano. En la carrera María casi bota a su Mamina al abrirse paso por la escalera, saltando escalones y tratando de llegar lo antes posible a la puerta.

Su corazón latía a mil por hora, no podía creer que él se haya demorado tanto en venir, si ella lo esperaba todos los días, y él lo sabía. Ahora podría preguntarle cara a cara qué lo retrasó. Quizás un vaquero, quizás un show en un casino, quizás un viaje misterioso del que sólo podrían conversar una vez que estuvieran allá lejos.

María llega a la puerta, sonriendo muy emocionada. Trata de alcanzar la perilla a saltos, acá en Vancouver siempre llueve y María nunca alcanza las perillas de las puertas. La gente es más alta, dice su Mamina, que lleva más años que nadie en Vancouver. “¡Puchas!” Se dice María mientras salta “¿Siempre tiene que haber algo que moleste, no? Por una vez podría…” Se interrumpe, porque corre la perilla y la puerta se abre.

- Hi Sweety, is your mommy home? - Dicen desde el otro lado de la puerta.

Mn… María nunca pensó que él hablaría inglés. Tal vez este no era más que un impostor. Uno de esos que vienen a hacerse los lindos y luego salir corriendos. María lo mira con atención… “No, no se parece en nada a Sinatra” se dice María: “el pelo es muy corto y rubio, y esa barbita… ¡El jamás la usaría! ¿Y dónde está el terno blanco? Con ese traje azul más parece pintor que cantante…”.

- Hello…? – Pregunta el impostor.

- ¡No hablo inglés! – Grita María enojada.

- ¡María! ¡Esa no es forma de tratar a la gente! – Agrega una voz a espaldas de María, una voz que ella conoce muy bien. Es la voz de su mamá, no la de su mami. – I’m sorry about this… She is just getting adjusted to a new city. How can I help you?

- Oh, don’t worry, it’s OK – Agrega el impostor – She seems like a sweet girl. I’m here to set up your cable connection.

- Great, then you wish to speak with my father, please, come in.

María no puede estar más enojada. Su mamá la tiene sujetada del hombro, así que tampoco puede correr a esconder y nada así. Más encima, no entiende nada de lo que hablan. Siempre pasa cuando llega un extraño, un impostor a la casa. Hablan de cosas que no entiende en un idioma que no entiende. En Vancouver la gente es alta, le cargan las ardillas, llueve todo el día y María no entiende nada. Le carga Vancouver.

- Thanks… Oh, one more thing… - Dice el impostor, mirando a María – On my way here I saw this fly off your window, I imagine is yours… Right?

De su espalda saca al Osito Chiquito, todo mojado pero sano y salvo. Se agacha para entregárselo a María, quien lo recibe, al tiempo que el extraño le guiña un ojo y le dedica una sonrisa. Su mamá le murmura thank you al extraño y lo hace pasar, mientras cierra la puerta.

María abraza a su chiquito osito de peluche, mira por la ventana junto a la puerta cómo las ardillas corren. Se da vuelta y ve a su mamá acompañando al extraño dentro de la casa… La escucha tararear una canción.

Tu, tu, tu… the moon…

- ¡Es él! – Grita María, lanzando por los aires a su Osito.

Lo recoge y va al comedor a donde su abuelo conversa con él y a ella la espera un plato de lentejas.

Escrito por Pedro Poblete

16.octubre.2009 a 09:30

Escrito en Textos

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Una respuesta

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  1. me gustó :) me encanta ese lenguaje que usaste, le da musicalidad o como un ritmo especial (o eso me parecio a mi)

    Warina

    17.noviembre.2009 a 21:02


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