Yo no lo escribí

Pucha, lo siento, no quería que leyeras esto…

DXLIX Verbum – Todas las noches bajaba a la playa

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Eran sus noches favoritas

“Eran sus noches favoritas...”

Todas las noches bajaba a la playa. Miraba el mar, se mojaba la cara con la espuma y saboreaba la sal de sus labios. Escuchaba el ir y venir de las olas, disfrutando de las noches de invierno y sus terribles ventoleras, de ese bramido ensordecedor que se tragaba a todo el mundo. Por todo el tiempo que él quisiera, no había nada más que el mar. No existía el pueblo, no existían los barcos, no existían sus amigos, no existía él mismo. Todo era engullido en un gigantesco coro de olas. Eran sus noches favoritas.

En las noches de calma jugaba con la fría arena, escarbando agujeros hasta encontrar agua, escribiendo en ella interminables poemas o construyendo pequeñas ciudades. Le gustaban estas noches, todo fluía en él, de aquí para allá, como un carrusel gigante, como un parque de diversiones para él solo.

En las noches de helada le gustaba correr hasta quedar sin aliento. Sentir sus pulmones reventar, su mandíbula doler, ciento cuatro puñaladas en la espalda (un día las contó) y su nariz congelar. En estas noches huía, se escondía a plena vista, detrás de montañas de niebla.

En las noches silenciosas le gustaba prestar oído a lo que iba a ser, pero todavía no era. Se sentía solo, estaba solo. No era que el mundo hubiera desapareciera, ni que se estuviera escondiendo de él, sino que se había perdido, olvidado. Era como despertar en una cama extraña, con ropa extraña, en una ciudad extraña, con anuncios extraños y sin nadie para explicarle y decirle “tranquilo, estás bien”. A veces la sirena de un barco sonaba, o un perro ladraba, o un pez saltaba, y le tiraban un salvavidas, una cuerda, le prestaban una mano que decía “¡aquí estoy! ¡Ven!”, pero desaparecía rápidamente, y estaba perdido otra vez. En estas noches se sentía solo.

En las noches calurosas se desnudaba y bañaba en el mar. Era las únicas veces que lo hacía. Era un excelente nadador, o al menos eso él pensaba. Al menos en uno o dos sueños le había ganado una carrera a una sirena o a un tritón. Si era capaz de hacer eso, aunque sea en sueños, no podía ser menos que un excelente nadador. Pero el mar era grande, era gigante, era monstruoso, y él era pequeño. Y se asustaba fácilmente. Usualmente sólo se atrevía a mojarse los pies, pero en estas noches las olas lo saludaban y guiñaban sus millares de ojos burbujeantes. Le gritaban “ven, disfruta, hoy te quiero conmigo”. Y él hacía caso, se dejaba envolver por la espuma, se dejaba acariciar por las olas, se dejaba peinar por la marea. En estas noches se sentía amado.

Había pasado un mes desde que llegara al pueblo. Nadie sabía su nombre. Nadie lo había preguntado. Pero todas las noches una pequeña igual a él lo miraba desde su ventana. Cuando el mar gritaba ensordecedoramente, ella aprovechaba y lo hacía también, llamándolo por todos los nombres que conocía, sabiendo que no lo escucharía. Cuando él escribía en la arena, ella leía y re-escribía sus poesías. Cuando él corría huyendo de sus demonios, ella se quedaba detrás, luchando contra ellos, cuidándolo. Y cuando él se bañaba desnudo, ella no hacía más que mirarlo desde su ventana, enamorada.

Eran sus noches favoritas.

Escrito por Pedro Poblete

25.mayo.2009 a 23:50

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D Verbum – Él Dormía

con 2 comentarios

Él DormíaÉl dormía. Ella lo miraba, acostada sobre su pecho, riendo. Sentía su corazón latir muy lento, pero fuerte. Ella se reía, cuando descansaba la cabeza en el pecho, casi sentía que de un sólo latido el corazón la tiraría fuera de la cama.

Él dormía. Ella lo miraba, acostada sobre su pecho, riendo. Sentía su respiración, lenta, pausada, igual de fuerte que el latir de su corazón. Ella se reía, si prestaba suficiente atención podía escuchar una suerte de gruñido, a ratos un ronquido, cosas que él jamás aceptaría y respondería con el típico “yo no soy el que ronca, eres la que ronca”.

Él dormía. Ella lo miraba, acostada sobre su pecho, riendo. Se sentía tranquila, protegida, querida. Él no tenía un gran pecho musculoso, ni grandes manos capaces de hacerla sentir diminuta con un solo agarrón, pero sabía abrazar muy bien. Era el mejor abrazando en el mundo, ella le decía, y se sentía feliz de que incluso cuando él dormía, sus brazos descansaran sobre ella, que estaba acostada sobre su pecho, riendo.

Ella lo miraba, miraba esos ojos grandes que cerrados parecían nada. Miraba sus pestañas y se sentía afortunada de tener cerca esos ojos peludos. Pensaba en lo mucho que le recordaban a una de esas plantas carnívoras que se ven en la tele, y en lo mucho que se sentía como una mosca atrapada cuando él, despierto, parpadeaba.

Él dormía. Ella lo miraba, acostada sobre su pecho, con un poco de pena. Se sentía tan bien cerca de él y le daba pena pensar que tenía que terminar. No ahora, ahora todo estaba bien, él dormía y ella lo miraba, no había nada malo en eso, y no había razón para terminarlo. Sin embargo, ya habría razones, y él tendría que irse y ella tendría que odiarlo y olvidarlo. ¡Pero suficiente! Él seguía ahí, durmiendo, con sus brazos descansando sobre ella. No podía tener ni un poco de pena. Cuando él despierte, tiene que verla contenta, como de verdad se sentía cuando estaba acostada sobre su pecho.

Él dormía, y ella maquineaba un plan. Ella lo miraba, sin moverse, como una leona acechando. Reía, le daba risa la comparación. Miró sus ojos peludos, su nariz respingada, su barba mal afeitada, su cuello largo y sus hombros redondos. En ellos encontró la presa y el terrible plan estaba terminado.

Él dormía. Ella lo miraba, acostada sobre su pecho, riendo, preparándose para atacar. Contó hasta tres, aguantando la risa. Uno, concentró su atención en la clavícula izquierda. Dos, se agachó tomando un poco de vuelo. Tres, saltó hacia su presa.

Él despertó, asustado, riendo, nervioso. A su cuerpo adormecido le llegaron sorpresivamente señales de cosquilla que lo hacían saltar. Miró para ver qué pasaba, sin entender y la vio a ella, colgada de su clavícula, mordiendo y gruñendo, con sus ojos clavados en los de él, dibujando una sonrisa.

Él la abraza, la besa en la boca y le dice “mi pequeña animalita”, riendo. Son felices.

Escrito por Pedro Poblete

24.mayo.2009 a 16:51

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Vientos del Sur

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Algo aquí

Te hago daño, lo sé. Me haces daño, no lo sabes. ¡Entiende! Seguir así es suicidio.

Escrito por Pedro Poblete

30.abril.2009 a 00:57

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Un cuento para niños grandes

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Free

“Por muy prohibido que esté, por muy vetado que sea, si dos pares de labios han sido destinados a estar juntos, poco importa lo demás”.

Descargar Cuento [PDF].

Relato original, le tengo mucho cariño.

Escrito por Pedro Poblete

5.abril.2009 a 00:52

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Año Nuevo: 2005

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MixJavier se levanta, son las 7 de la mañana. Durmió 3 horas. No está cansado, su cuerpo no tiene espacio suficiente para el cansancio, ya tiene muchas emociones en las que pensar. Busca ropa interior limpia, está mareado, no sabe dónde está, pero tampoco le importa mucho. Sabe que no corre peligro. Levanta la cortina y deja pasar los primeros rayos de sol. Quiere abrir la ventana, pero no quiere enfriar la pieza, ella sigue durmiendo. La quiere bien.

Javier sale de la pieza y recorre el departamento. Busca un vaso y saca del refrigerador el jugo de naranja. Está cerrado. Decide no abrirlo. Guarda el vaso y se moja la cara en el lavamanos. Recapitula y ordena su memoria. España, 2006, Enero. Ha pasado 1 año desde que no ve a Chile. No le importa. Sale de la cocina y se dirige al comedor. Abre la ventana. Miles de olores entran. No le importa, ya se ha acostumbrado. No los siente, en su cuerpo no hay espacio para las sensaciones.

Javier mira por la ventana. Escupe desde el septimo piso y espera a oir el sonido de la saliva al caer. Lo escucha. No hay nada, ni nadie, por un breve segundo, toda la ciudad le pertenece. No le importa, pero si pudiera sentir algo, se sentiría contento.

Javier está mareado. No ha bebido nada desde hace 3 meses, y si pudiera sentir algo se sentiría orgulloso. Tiene un torbellino en su interior, pero no le importa. Sabe que como los tornados, tarde o temprano se detendrá. Todo se detiene, sin excepción.

Javier se huele el aliento. Apesta. Va al baño y se lava los dientes, sin hacer el menor ruido. Ella sigue durmiendo, y eso sí le importa. Los únicos momentos en los que siente verdadera nostalgia son cuando ella está durmiendo, luego todo cambia.

Javier tiene frío. Entra en silencio a la habitación y saca unos pantalones y unos calcetines. Los pantalones son de él, jeans rasgados, los calcetines son de ella, verde y naranjo. Ya se los ha puesto antes, si pudiera sentir algo se reiría.

Javier se siente inspirado. Va a la sala de estar. Toma un lapiz de tinta y un papel de oficio. Escribe. Una carta. De navidad, cumpleaños, año nuevo, santo, graduación, felicitación. No escribe mucho, sólo lo necesario. Toma un sobre y escribe mi nombre.

Javier quería hablar conmigo. Sonríe. Ha sido más facil que hablar con Dios. Cierra la ventana.

Javier prepara el desayuno. Abre el jugo. Cocina los huevos. Tuesta el pan. Lo lleva a la cama. Ella ya habrá despertado.

Escrito por Pedro Poblete

22.marzo.2009 a 23:27

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Hi-Q [I]

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Sena

Hoy una luna
Dentro de mi bolsillo
Mañana un sol.

Escrito por Pedro Poblete

17.marzo.2009 a 16:52

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Poor Bear

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Worst Webcomic Ever.

Worst Webcomic Ever.

Escrito por Pedro Poblete

15.marzo.2009 a 18:22

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Alejandro Filio – Ojos Verdes

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No sé si te olvidaré, y nada.

No sé si te olvidaré, y nada.

Hoy la noche me habla de tu piel
y abrazandome está la madrugada.
Un adiós, un te quiero y un por qué,
y nada…

Te recuerdo y te pierdo en un papel
cuando apenas comienza la mañana.
¡Cuanto pude quererte aquella vez!
Y nada…

Ojos verdes, cuanto tiempo te miré,
ojos verdes, del color de la mañana.
Ojos verdes, no sé si te olvidaré,
y nada…

Cuando el tiempo nos pierda entre su andar
y el silencio me robe tus palabras
no tendremos estrellas que contar,
y nada…

y nada.

Escrito por Pedro Poblete

14.marzo.2009 a 21:49

Don’t Forget Your Old Shipmates

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Let the waters roar, Jack...

Let the waters roar, Jack...

Escrito por Pedro Poblete

14.marzo.2009 a 15:27

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Aquel Día

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Cortamos el cordón umbilical

Cortamos el cordón umbilical

Escrito por Pedro Poblete

13.marzo.2009 a 23:40

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